Esa noche...

      La oscuridad se había comido al sol hacía horas, las calles iluminadas por la tenue luz de la luna y las estrellas, las sombras que en cada esquina se arremolinan buscando crecer a cada segundo y tomarlo todo para sumirlo en la nada más absoluta... Los pequeños ruidos del agua corriendo por las tuberías de las casas, el aleteo de los murciélagos cortando el aire de esa fría noche que no olvidaré jamas...
      Ese día me había levantado extrañamente bien, cosa que no suele suceder, pero aún así lo único que hice fue disfrutar de cada segundo hasta que me dí cuenta, tarde como siempre, de que a cada momento el mundo, mi mundo, se estaba cayendo a pedazos...
   

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