Yo no se como lo haces que siempre estás ahí, como la luna, nunca te escondes como las estrellas en la ciudad, eres fuerte, evolucionas como las mariposas, que en los cuentos de fantasía se convierten en hadas, como las palabras que envuelven las oscuras ideas que oculta el corazón, como las noches oscuras, que como esta, me hacen perder la razón...y el conocimiento, que hacen que cada uno de mis pensamientos pierdan el orden de colocación en mi mente, y que mi cuerpo se derrita por cada latido del corazón...
Mal sabor de boca...
Encontré unas nuevas escaleras para subir al tejado de la vida, un nuevo camino hacia el camino que me dejaría ver el amanecer de mi mente, el resurgir de mi alma tras la caída desde el tercer piso, una ruta sin ascensores ni toboganes, solo duros y altos peldaños que me costará subir día adía, solo un camino doloroso, para conseguir el mismo premio, pero sin dejarme mal sabor de boca...
Ya no queda espacio...
Ya no quedan hojas en la libreta que una vez estuvo en blanco ya no quedan horas libres en la agenda de mi reloj, ya no hay días impares en mi tabla de números primos, ni sumas que den positivo, ya no queda tiempo para dejar a mi mente volar entre notas silenciosas de pianos ruidosos...
El caos de las ideas...
Cada pequeño orden oculta un crqn caos, cada persona difusa oculta una mente brillante, cada sonrisa una lágrima derramada, y cada risa atronadora un llanto desesperado, cada momento de paz se esconde entre periodos de guerra y cada gran idea se oculta entre mentes cerradas...
Cada día oscuro deja que nuestras mentes se entristezcan, cada nube del cielo nos roba un suspiro del alma, nos suma un ápice de desesperación a nosotros, seres de papel que navegan entre cuchillas, seres simples, hechos de cosas sencillas y de mentes dispersas...
Cada amanecer nos roba la esperanza de volver a ver brillar las estrellas en el oscuro cielo, como la lamparita que todo niño tiene en su cama para conseguir el valor de irse a dormir...
Como el caballo de carreras...
Ya no puedo más con esta farsa, me he cansado de llevar esta máscara que oculta hasta mis pensamientos, no puedo seguir huyendo de todo y de todos al igual que el ratón intenta escapar del gato, no puedo seguir corriendo del destino, en algún momento me tengo que parar a enfrentarlo, pero nunca encuentro donde, nunca tengo el valor necesario para gritarle al tiempo que se esfume, al viento que se calle y al ruido que deje de ensordecer mi alma, nunca tengo la fuerza necesaria para gritarle a mi corazón, solo se llorarle cada noche y suplicarle que deje de sangrar, que se levante de una vez y se ponga a andar, que deje de quejarse y vuelva a reír, que vuelva a sonreír cuando el viento le golpea la cara, que se estremezca por el frío y se intente meter en la nevera con el calor, que vuelva a vivir como antes, sin pensar en el pasado, solo luchando para que el presente pase a serlo, paso a paso, como el caballo de carreras que corre para llegar al final de esta recta...
Recuerda...
Cierra los ojos y sueña de nuevo con esas sonrisas que se nos escaparon, por aquellas confesiones que nos hicimos cada noche, por las interminables horas que nos pasamos hablando el uno con el otro, por todos esos pequeños detalles que marcaron todo ese tiempo en el que una vez fui feliz, todos los días que me levantaba pensando que el mundo tenía luz, que las estrellas no se habían apagado, que nada de iba a venir nunca abajo, que todo era eterno y me iba a pertenecer por siempre, que nunca iba a llorar por nadie...
Incoherencia nº34...
Llevo demasiado tiempo ahogando las penas en esta botella vacía, en este barco sin rumbo que navega entre las hondas del aire calmado, hace demasiados lustros que mi vida dejó de lado todo sentido de la lógica, que mis zapatos buscaban agarrarse al suelo para andar sobre las nubes...
Quiero alejarme...
Quiero gritar, romperme la garganta, dejarla como el alma, rota, tirada a un lado como al sentido de la vida, quiero deshacerme de ella como de mis remordimientos, como de la conciencia que una vez tuve, como de todos aquellos que una vez me importaron, quiero huír como nunca fuí capaz de hacer, quiero alejarme del mundo que una vez conocí, quiero borrar las fronteras con mis pies como en su momento hizo mi imaginación...
Ya no...
Ya no se por donde correr, ya no se donde esconderme, donde da la vuelta el viento, donde se esconden las palabras que no decimos, donde vamos cuando vagamos sin rumbo, pero con rumbo fijo, donde van los besos que no se dan, quien se bebe las lágrimas que le calor evapora, yo ya no se nada, yo ya no recuerdo ni las cosas del pasado...
Condena...
Hace siglos que no bebía de las gotas del rocío, hacia muchos años que no sentía las lágrimas recorrer mi cuerpo, hacía demasiado que la electricidad no recorría cada célula de mi cuerpo, hacía mucho que mi alma no se rompía como un vaso contra el suelo, que mi cuerpo no sufría la condena del pesar...
Buscando...
Paso las horas con la mirada fija en la esquina de este mundo redondo, buscando agujas en graneros enteros, como si de un trébol de tres hojas en un campo de tréboles de cuatro hojas se tratara...
La muerte...
Las palabras se escapan entre los labios de la muerte, repiten mi nombre, incesante, sin descanso repitiéndolo una vez tras otra, en mi búsqueda, me escondo debajo de la cama mientras se acerca...esta vez solo quería asustarme...
Notas alegres...
Levanto la vista al cielo y veo como las nubes se comen el aire, como los rayos del sol lo parten en miles de trozos para bañarme, como las motas de polvo me intentan levantar de esta silla vieja carcomida por las termitas, como el suelo se hunde bajo mis pies para que salga corriendo, para que me mueva y busque las vallas que delimitan este universo, para quitarme el sueño por las noches y hacer que mi vida tenga sentido, para ayudarme a encontrar esas notas que componen la sinfonía de mi vida, al compás de los latidos del corazón y con las notas de las carcajadas de mi alma...
Esas notas...
Paso las horas perdido entre las notas de esa canción que le viento me susurra al oído, esa canción oscura que no se cuando acaba, que no se cuando decide que ha llegado el final de todo, ese momento en que todo se torne oscuro y deje de tener la necesidad de buscarle el sentido a las palabras, a los versos escritos en los papeles que adornan las libretas de mi infancia, de el infinito número de segundos que perdí pensando en no perder el tiempo, paso las horas mirando como pasan las notas, las notas de esa canción de muerte...
El mundo se acaba...
Ya no quedan hojas en blanco en este libro, todas se mojaron con la lluvia ácida que caía por mis ojos, mientras esperaba en la parada a ese tren que pasa una sola vez en la vida, y como no, el mundo se acaba y yo llego 15 minutos tarde...
He vuelto...
He vuelto a caer, he vuelto a soñar con que el cielo estaba más bajo de lo que mis ojos podían alcanzar, he vuelto a susurrarle poemas al oído al viento del este, he vuelto a llorar por las horas perdidas entre versos, entre besos, entre sueños robados por el alba...
Solo tenía que salir...
Ya no recordaba como se escribía, había olvidado el dolor de gritar en silencio, de como las palabras se escapan entre mis sudorosos dedos, de como la vida huye de mi cuerpo como las sombras de la luz de aquel farol solitario, abandonado en una habitación a oscuras, ya no quedaban en mi cabeza los recuerdos de aquellas noches oscuras en las que arrastraba cadenas, había logrado huír del cuarto del olvido, de la sala negra en la que me encerré a mi mismo, ya no tenía que darle explicaciones a nadie, no le debía lealtad a ningún señor de las sombras, ya no tenía que gritar suplicando clemencia, podía volar, podía correr sin límites,sin que nadie me mirase raro, sin que tuvieran derecho a echarme en cara quien soy ni como huyo de todo, ya solo le tenía que dar las gracias a la princesa del castillo bajo el cual me había sepultado, ya solo tenía que salir por la puerta del calabozo...
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