Ya no recordaba como se escribía, había olvidado el dolor de gritar en silencio, de como las palabras se escapan entre mis sudorosos dedos, de como la vida huye de mi cuerpo como las sombras de la luz de aquel farol solitario, abandonado en una habitación a oscuras, ya no quedaban en mi cabeza los recuerdos de aquellas noches oscuras en las que arrastraba cadenas, había logrado huír del cuarto del olvido, de la sala negra en la que me encerré a mi mismo, ya no tenía que darle explicaciones a nadie, no le debía lealtad a ningún señor de las sombras, ya no tenía que gritar suplicando clemencia, podía volar, podía correr sin límites,sin que nadie me mirase raro, sin que tuvieran derecho a echarme en cara quien soy ni como huyo de todo, ya solo le tenía que dar las gracias a la princesa del castillo bajo el cual me había sepultado, ya solo tenía que salir por la puerta del calabozo...
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